Ante todo no hagas daño

Autor: Henry Marsh. Editorial: Salamandra. Páginas: 352.

Ni  más ni menos que una persona

¿Qué pasa por la cabeza de alguien que debe hurgar (literalmente) en la cabeza de los otros? El señor Marsh, reputado y experimentado neurocirujano pretende contestar a esa pregunta con Ante todo no hagas daño unas memorias ricas, curiosas, interesantes y atrayentes.

Hay algunos pacientes que confieren al doctor un áurea casi mágica porque así es mucho más llevadero gestionar todas las emociones que provoca la dolencia o la enfermedad. Si pienso  que el doctor tiene una sabiduría y una pericia prácticamente  sobrenaturales, mi curación está más al alcance de la mano que nunca.

Por eso  Marsh tiene un objetivo claro  con esta obra: humanizar a los médicos en general y a los neurocirujanos en particular . Sí, humanizar en el sentido amplio de la palabra. Va a relatarnos vivencias, pacientes, retos y operaciones de su dilatada carrera para que caigamos en la cuenta de que el sujeto que tiene que bregar en el quirófano con esa bomba de relojería llamada cerebro es también una persona de carne y hueso igual que nosotros.

Y como todo ser humano, los neurocirujanos también se equivocan. Sus errores son fatales, porque pueden implicar que el paciente pierda el habla, que pase el resto de su vida como un vegetal o incluso la muerte. Pero muchas veces no hay manera de aprender o de avanzar en su pericia si no es cometiendo  fallos. Aquí es donde Marsh nos señala sin ningún tipo de rubor la silenciosa y más que pesada carga que lleva como médico: el saber que hay víctimas por no haber podido evitar sus errores, aunque estos sean parte indispensable de su aprendizaje.

También lo veremos pelearse con la organización del hospital porque no encuentra al paciente que ha de operar, asistir a cursos obligatorios del Gobierno para enseñarle lo que ya sabía desde hace años, y ejercer de paciente ante otros médicos: un ejercicio bastante sano para saber que siempre el que más pierde o gana es el propio paciente.

Si al mirar la foto de portada del doctor Marsh piensan que tiene cara de buena persona, la lectura de este libro se lo confirmará plenamente. Si alguien tuviera que operarme el cerebro, por favor, que sea el doctor Marsh. Sé que él hará todo lo que esté en su mano, lo demás es cosa de Dios.

 

 

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *