El mundo de la tarántula

Autor: Pablo Carbonell. Editorial: Blackie Books. Páginas: 380

That’s entertainment

Cuando me enteré de que Pablo Carbonell había sacado unas memorias autobiográficas, me froté las manos pensando en lo bien  que lo iba a pasar. Porque estamos ante un maestro del entretenimiento que cada vez que se sube a un escenario consigue  enchufar su carisma y meterse al público en el bolsillo.

Así pues, El mundo de la tarántula tiene el gran mérito de trasladar ese carisma a sus páginas de tal manera que el lector queda encandilado desde el primer minuto.

Y es que la vida de Pablo podría dar para más de un libro. En efecto, la catarata de episodios y correrías que nos relata hacen que estas memorias puedan leerse también como un libro de aventuras con un toque surrealista.

Carbonell tiene muy claro que sus memorias deben ser entretenidas.  Para ello se vale de una narración fresca y amena y de su sentido del humor irreverente marca de la casa, con un punto tierno y pícaro a la vez.

Se nos presenta como un espíritu libre  que no se plega a las exigencias de la autoridad o el poder. Por eso abandonó el hogar paterno en su adolescencia para realizar teatro callejero de pueblo en pueblo, pasando la gorra después de la función y durmiendo bajo las estrellas muchas noches.

Encajó  perfectamente en la ruptura con lo establecido y  el estallido de creatividad que supuso la movida madrileña de finales de los 70 y principios de los 80.

Y ha logrado hacer casi de todo en el mundo del espectáculo: actor, director, presentador, reportero e incluso cantante de un grupo pop de éxito. Siempre buscando aprender y dar rienda suelta a las toneladas de talento que posee.

También nos cuenta que no le ha importado sacarle los colores a algún que otro magnate de la industria musical española, aún cuando esto pueda implicar borrar del éxito masivo a su grupo de música.

Cómo tampoco le importó en absoluto buscarle las cosquillas a los poderosos o famosos cuando hizo de reportero en el programa de televisión Caiga quien Caiga. Se notaba que disfrutaba y hacía disfrutar al público, y sin faltar al respeto.

En definitiva, cuando vamos pasando las páginas de El mundo de la tarántula,  parece que tengamos delante nuestro a Pablo Carbonell narrando todas sus andanzas y  peripecias con su mirada guasona y su sonrisa inconfundible. Toda una gozada.

 

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