Manual para mujeres de la limpieza

Autor: Lucía Berlín. Editorial: Alfaguara. Páginas: 417.

Entre los grandes

Hay una pregunta que ronda mi cabeza: ¿cómo es posible que Lucía Berlín no haya salido a la luz para el gran público hasta ahora, doce años después de su muerte en 2004? No lo entiendo ya que la calidad que presentan los relatos que configuran esta antología es incontestable.

La vida de Lucia Berlin puede calificarse como ciertamente complicada: se casó 3 veces y tuvo cuatro hijos. Debió hacer frente a serios problemas económicos que la obligaron a realizar todo tipo de trabajos, entre ellos, señora de la limpieza. Y por si fuera poco, sufrió la adicción al alcohol.

La literatura le sirve de medicamento necesario para depurar y sanar las cicatrices que llevamos las personas ocultas tras nuestros ropajes: el alcoholismo, los malos tratos, la soledad, el abandono. Se nota  a la legua que sabe de lo que escribe, que lo ha vivido, que sale de sus entrañas.

Al empezar a leer Manual para mujeres de la limpieza, llaman la atención dos cosas. La primera es la claridad y sencillez en la exposición. Y la segunda es como introduce los finales en sus relatos ya que no irrumpen abruptamente, sino que parecen deslizarse, cómo hojas que caen de los árboles.

A medida que van pasando las páginas, el lector  sin darse cuenta apenas queda subyugado por  ese estilo  espontáneo marca de la casa,  esa voz que observa desde la  exclusión, esa manera de narrar casi en voz baja, sin querer hacer mucho ruido. Entonces la excelencia de su prosa explota en cada relato.

Así pues, estamos ante una obra impactante, certera y sincera que también destaca por su lucidez. En efecto, Berlin consigue adentrarse y entender como nadie los claroscuros del alma humana. Por eso sus relatos también están llenos de vida y son un canto a la dignidad de los que no han tenido suerte, de aquellos que sufren en silencio, sin alzar la voz.

Quiero ser optimista respecto a la pregunta del párrafo inicial de la reseña y responder que el panorama literario está plagado de muy buenos escritores y es tremendamente difícil hacerse un hueco. Menos mal que, aunque sea con retraso, se colocó a Lucía Berlín en el sitio que le corresponde: entre los grandes.

 

 

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