Glow

Autor: Ned Beauman. Editorial: Alba Editorial. Páginas: 312.

Apuntando demasiado alto

Ned Beauman es como uno de los químicos que sale en la novela, intenta mezclar diferentes sustancias y compuestos para obtener un producto nuevo y arriesgado. Pero partiendo de una idea inicial audaz e imaginativa, pone demasiadas cosas en la cubeta que no acaban de integrarse bien, por lo que no consigue salirse con la suya.

Beauman sitúa la acción en el Londres actual con un joven protagonista que padece un trastorno del sueño, consume drogas y casi sin darse cuenta se ve atrapado en una intriga poblada de personajes tan pintorescos cómo él donde hay grandes corporaciones sin escrúpulos, emisoras de radio piratas, fiestas rave, espionaje y contraespionaje.

La obra quiere poner el foco en las  alteraciones de nuestra percepción de la realidad: unas causadas por las limitaciones de nuestros sentidos, otras por la acción de las drogas y otras por el engaño de terceras personas. Nada es lo que parece. Siempre hay una realidad subyacente que unas veces explica  y otras contradice lo que estamos viviendo o nos parece haber vivido.

 Glow  recuerda a los videojuegos en los que los participantes deben superar diferentes pantallas para sumar puntos, ahora bien, se trata de pantallas que son casi idénticas unas a otras y a veces transcurren en paralelo, otras se entrecruzan y otras se superponen. Y al autor le falta sutileza para que el lector no se pierda en todo este entramado. Con tanta realidad imitada, engañosa, superpuesta y entrecruzada, el lector algunas veces acaba sin saber dónde se encuentra. Además la obra peca de cierta desidia, le falta elaboración y más profundidad para explicar las líneas argumentales y los saltos y giros que va poniendo en el camino.

Tampoco ayuda el tono excesivamente frío que emplea el autor. Su distanciamiento con los personajes hace que vuelva a ponerse de manifiesto la desidia. Si la trama es complicada y está narrada con un exceso de distanciamiento, el lector va perdiendo asideros que le permitan seguir enganchado al libro.

Realmente es una lástima, porque Beauman posee una prosa directa, no se recrea en lo superfluo. También hay que aplaudirle su deseo de salirse de lo convencional y arriesgarse. Pero apuntar muy alto exige un alto grado de pasión y elaboración que no se dan en Glow y que esperamos poder apreciar en sus próximas entregas

 

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